¿Te imaginas pasar tres días recorriendo Islandia, viendo auroras boreales que te dejan con la boca abierta, cascadas que rugen como dragones con sed y paisajes que parecen salidos de otro planeta? Pues eso es exactamente lo que te propongo. Una ruta rápida, intensa y perfecta para saborear lo mejor de este país sin que se te congelen las pestañas del susto por falta de planificación.
La carretera de circunvalación: la joya asfaltada que rodea Islandia
Islandia tiene una autopista nacional que da la vuelta entera al país. Se llama la carretera de circunvalación o Ruta 1, y es una oportunidad de oro para recorrer los paisajes más bestias de Islandia en tres días. Sí, solo tres días. No hace falta que te hipoteques un mes ni que te conviertas en nómada. Esto es para los que no quieren perder el tiempo viendo la vida pasar desde el escritorio.
¿Lo mejor de todo? Esta ruta te lleva a cascadas que parecen salidas del martillo de Thor, a playas negras como el carbón y, si la suerte te guiña el ojo, a presenciar las mágicas auroras boreales danzando por el cielo. O sea, lo más parecido a estar en el cielo sin haberla palmado.
Empieza tu aventura desde Reikiavik. Dedica unas horas a pasear por su centro, toma un café caro (todo es caro, bienvenido al norte) y pon rumbo al sur. Las primeras paradas: Seljalandsfoss y Skógafoss, dos cascadas que parecen gritarte «¡hazme una foto o no has estado aquí de verdad!». Si te pilla buena luz, la magia está servida.
Sigue conduciendo y llega hasta Vík í Mýrdal, un pueblo abrazado por montañas y con una playa negra que te hace preguntarte si estás de vacaciones o dentro de la intro de Juego de Tronos.
El este de Islandia: soledad, fiordos y auroras silenciosas
En el segundo día, el este de la isla te espera. Menos turístico, más salvaje todavía. Aquí se te va a caer la mandíbula con los fiordos, la carretera sinuosa y esa sensación de estar absolutamente solo en el fin del mundo. Que no te engañen: es la parte más cruda pero también más emocionante del viaje.
Para aquí, desconecta el móvil, come caliente (si puedes) y abre bien los ojos, porque por las noches, si se dan las condiciones, el cielo te regala el espectáculo gratis: auroras bailando sin pedir permiso. No hay Wi-Fi, pero tampoco lo vas a echar de menos.
Si quieres revisar cómo andan las probabilidades de ver auroras en tiempo real, échale un ojo al pronóstico oficial de auroras boreales. Como todo en la vida, es cuestión de estar en el sitio adecuado en el momento justo.
El norte y el regreso: geysers, volcanes dormidos y más cascadas (porque aquí sobran)
Tu tercer día te lleva al norte. Ya estás en modo explorador, así que sigue por la circunvalación hacia las tierras de Mývatn, zona geotérmica a tope con vapor saliendo del suelo como si la Tierra tuviera fiebre. Visita Dettifoss, una de las cascadas más cañeras de Europa, no por bonita, sino porque parece que te va a tragar. Pura potencia natural.
Desde aquí vas bajando por el oeste, tranquilito, cansado pero alucinado. Puedes cerrar la ruta con una parada breve en las zonas termales y alguna laguna cálida si el cuerpo te lo pide. Y te lo va a pedir, porque menuda paliza buena te has dado.
Y ahí lo tienes. Tres días por Islandia, como si hubieras vivido una película con banda sonora épica y fotones para aburrir. Eso sí, ojo con el clima, la carretera y los horarios. Aquí no perdonan las prisas ni las tonterías.
¿Vas a dejar que te lo cuenten o te lanzas a vivirlo?
Si estás pensando en hacer esta ruta o alguna parecida, y no quieres que te pille el toro con alojamientos, alquiler de coche o el mejor sitio para ver auroras, hablamos. Estamos aquí, en casa, y sabemos cómo moverte por Islandia sin perder ni el tiempo ni la cartera. Escríbenos, pregúntanos, y vamos dándole forma a esa escapada que vas a recordar toda la vida.