Una cosa te digo antes de empezar: si estás buscando paz, deja Netflix un rato, suelta el móvil (después de leer esto, claro) y empieza a empacar para Bali. No es postureo espiritual, ni rollo gurú de palo. Hablo de desconectar de verdad. Dónde, te preguntarás. En Ubud, en el centro de una isla que parece hecha para rebobinar tu cabeza y templar el alma. Y no exagero.

Templos sagrados: donde hasta el silencio suena distinto

En Bali hay templos repartidos como setas por el bosque, pero hay unos pocos que te juro que te sacuden el pecho. Me refiero a lugares como el Templo de Tirta Empul, famoso por sus piscinas sagradas donde los balineses (y los que queremos volver a sentir algo) hacemos un ritual de purificación. ¿Crees en la energía? Da igual. La vas a notar.

Otro imprescindible es el Templo Tanah Lot, sobre un peñasco que parece a punto de zambullirse en el océano. Lo vas a ver en fotos, pero en persona es otra liga. El sol bajando, las olas rompiendo y tú ahí, con cara de haber entendido algo importante… aunque no sepas el qué. Eso es lo mágico.

Ubud: donde no hacen falta filtros ni excusas

Si buscas tranquilidad, pero de la de verdad, esa que se te mete en los huesos, tienes que quedarte unos días en Ubud. No hagas la típica visita flash. Esta parte del corazón de Bali es como un bostezo largo del alma. Caminas entre arrozales, ves a los monos haciendo su vida en Monkey Forest y por la tarde, sin quererlo, terminas meditando en algún rincón sin que nadie te haya obligado a nada. Solo pasa.

Lugares como el Palacio de Ubud (Puri Saren Agung) o el mercado tradicional te devuelven a lo básico. Nada rebuscado. Gente sencilla, arte por todas partes, comida que huele a hogar. Y de fondo, ese murmullo casi constante que no son coches: es la selva hablando bajito.

Ubud no es solo un sitio. Es como un abrazo que no sabías que te hacía falta.

Bali es más que playas y cocos

¿Vas a ir a Bali para hacerte un par de selfies en la hamaca y volver? No fastidies. Esta isla es una palabra larga que se pronuncia con el cuerpo entero. Sus templos vienen a decirte cosas que no sabías que necesitabas escuchar. Y Ubud… bueno, Ubud es el sitio donde te redescubres. Suena cursi, pero el que ha ido lo sabe.

Te he dicho al principio que dejes Netflix… pues mira esto mejor. Te dejo aquí un vídeo que te va a volar la cabeza. Es esto lo que te espera:

¿Estás en España y quieres que Bali te pare el mundo?

Si estás aquí leyéndome, es porque necesitas respirar de verdad. Entra en contacto conmigo hoy mismo y te echo un cable con todo: vuelos, alojamientos, rutas por templos sagrados, clases de yoga en la mitad de la selva o simplemente perderte en un arrozal. No es un viaje cualquiera. Es un paréntesis para ti. Escríbeme antes de que se te pase esa chispa rara de querer cambiar algo.

Te espero, que Bali no se va a mover, pero tú sí deberías.

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